Ante los desafíos, inicialmente estamos bajo los efectos del EUSTRÉS( denominado estrés positivo), nuestra sangre alberga una curiosa mezcla de hormonas, adrenalina y noradrenalina, que mantienen nuestro interés y cierta sensación de vitalidad, además de dopamina que nos ofrece la capacidad de enfocarnos, evitando distracciones y proporcionándonos una sensación de placer. Junto a este “cóctel” encontraríamos además la serotonina, una hormona que afecta mucho a los estados de ánimo, aportándonos una gran sensación de confianza, que nos permite sentirnos tranquilos en medio del desafío, convencidos de que superaremos el desafío. Si no paramos unos minutos a recuperarnos, haciendo un simple ejercicio de relajación, cuando hayan pasado noventa minutos de estar a máximo rendimiento, se pondrá en marcha otra forma de estrés, el denominado DISTRÉS ( estrés negativo).  Desaparece de nuestra sangre, casi todas las sustancias que hemos nombrado antes siendo sustituidas por el cortisol, esto causa que nos sintamos agotados, comencemos a irritarnos, perdiendo la concentración y memoria. Emociones negativas como el miedo y la desesperanza sustituyen a la confianza y a la ilusión.

Por lo tanto no olvidemos que pararnos para recuperar fuerzas no es un gasto de tiempo, sino una extraordinaria inversión. Cuando nuestro cerebro entra en un periodo de recuperación, las ondas rápidas que se registran por medio del electroencefalograma se vuelven más lentas y ese ritmo lento llamado alfa está asociado a la recuperación tanto mental como física

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